Del llanto a la alegría

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Cuánto dolor puede experimentar el corazón de un padre o madre cuando pierde a un hijo. Lo natural es que cada uno de nosotros, pueda despedir a la eternidad a sus padres y no a la inversa. Si al leer éste artículo de hoy, tu corazón aún siente dolor profundo por la muerte de un hijo, sea la infinita e inmensa compasión del Señor abrazándote. Entender el propósito de la muerte no es un tema fácil. Es una línea delgada y algo delicado que sólo podemos comprender, cuando enfocamos nuestra mirada en el Padre. Su plan de salvación para la humanidad, incluyó el entregar a SU UNIGÉNITO, por amor a quienes le seguían y también a los que no. La historia que nos trae el pasaje de hoy, describe el instante en el que el Señor resucita al hijo de una mujer viuda en la aldea de Naín. Era mucha la multitud que seguía a Jesús, que al momento en que entraron a la aldea, salia de allí una procesión fúnebre.

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El joven que había muerto, era el hijo único de una viuda, que al instante en que Jesús la vio, su corazón rebosó de compasión y le dijo: «No llores». Luego se acercó al ataúd y lo tocó y los que le cargaban se detuvieron. «Jóven—dijo Jesús—, te digo, levántate». En ese momento, el muerto se incorporó y comenzó a hablar. Tremenda historia la de éste milagro que se me coloca la piel de gallina al sólo leerlo. Cuánta ternura y compasión en éste milagro de resurrección, en la que Jesús le devolvió el hijo único a una viuda. El Señor es especialista en regresarnosn la alegría en medio de la tristeza y de la pérdida. Él alegra nuestros días grises y los llena de color. No permitas que el dolor o la tristeza producido por pérdidas familiares, nublen tu paz y arrebaten tu gozo. Jesús siempre llegará justo en el lugar de un corazón apagado y triste como el de ésta viuda. Este milagro de resurrección, trajo un gran temor a la multitud que alababan a Dios diciendo: «Un profeta poderoso se ha levantado entre nosotros» y «Dios ha visitado hoy a su pueblo».

Deja que el Señor te visite y veas su Gloria en aquello en lo que sientes que algo se perdió. Recibe restitución de parte de Dios. Que su milagro te saque de la tristeza y el llanto y te cubra con vestido de alegria y de paz. Detrás de cada evento de pérdida y tristeza, hay un propósito del Señor, que necesitas descubrir. Quítate el luto en Cristo y recuerda que Dios no ha terminado contigo. Suscríbete a este blog y recibirás notificación cada vez que suba una nueva entrada. Reenvía el enlace de ésta reflexión a tus amigos y familiares. Deja tu comentario al final del blog. Abrazo fraterno para todos.

Pr. José Ángel Castilla

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