Persistencia

Cuando el Señor nos enseña a orar nos pone como referencia a una mujer viuda y a un juez injusto. Esa mujer llegaba con rogativas para ser favorecida en su condición desvalida, urgida y precaria. El juez sabía lo persistente e intensa que aquella mujer era, que no se le iba a quitar de encima hasta que la favoreciera.

Cada vez que medito en esta historia y estoy clamando a Dios por algo, me pregunto si mi oración ha sido con fe y la persistencia que esta mujer tenía, porque no iba a claudicar, hasta obtener el favor de un hombre injusto. La diferencia de esa historia con nuestra vida de fe, es que rogamos y clamamos a un Dios justo. Que no necesita ser sobornado con nuestro comportamiento para favorecernos. Dios sabe lo que necesitamos mucho antes de que lo pidamos.

La palabra Persistencia, viene del latín persistere, que puede traducirse como “mantenerse firme y quieto”. Persistencia es la acción y efecto de persistir (mantenerse constante en algo, durar por largo tiempo)

En el siguiente pasaje respecto de la oración, el apóstol Pablo nos enseña a orar en todo momento y ocasión. Seamos persistentes no en la queja o la paranoia de que vamos a enfermar y a morir de corona virus. Perseveremos en oración y esperemos. No todo lo malo nos sucederá a nosotros. No te dejes contagiar del virus del temor. ¡Ten fe!

Vivimos tiempos donde debemos estar unidos en oración y evitar replicar información por redes sociales sin primero confirmarla. Eso genera pánico colectivo. Vayamos a las fuentes oficiales ¡siempre!

Seamos obedientes y sigamos instrucciones de nuestras autoridades en todo sentido y aprendamos a ser sumisos y enseñables. Allí estará respaldandonos Dios. Oremos por quienes han sido infectados por el Covid 19, que la pandemia reduzca su curva, oremos por la iglesia y nuestros pastores. Necesitamos ser renovados en nuestras fuerzas ya que la obra del Señor no cesa y somos sus obreros.

Dios ha sido bueno y fiel. Su obra de amor, Su gracia y favor se seguirán manifestando en nuestras vidas, porque El no ha terminado con nosotros.

Te bendigo.

Pr. José Ángel Castilla

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