En la vida podemos hacernos fácilmente olvidadizos. Sea por no agendar las cosas importantes, olvidamos citas, fechas, cumpleaños o compromisos. Pero a nuestro hermoso Dios no se le escapa nada, y mucho más si se trata de nuestros asuntos. Que nunca se te olvide amado lector, que caminas con Dios cada día. Su mano nos sostiene, su Espíritu nos alienta y veremos Su poder manifestarse en el tiempo de espera. ¿Puedes sentir esa mano que te dirige, esa presencia que te acompaña y te da seguridad?
En el libro de Génesis a la altura del capítulo 39, encontramos la vida de José. Uno de los momentos más adversos y humillantes de su vida, fue cuando sus hermanos le vendieron a mercaderes. Fue llevado a Egipto como esclavo y alejado de su familia, pero sin embargo, la Biblia nos regala una frase que marcó su historia: «Pero el Señor estaba con José». Esa verdad cambió su manera de vivir, por eso no permitió que las circunstancias definieran su conducta.

Cuando la esposa de Potifar lo tienta sexualmente, le respondió: «¿Cómo podría yo hacer semejante maldad y pecar contra Dios?». Él entendíó que, aunque nadie más lo estuviera mirando, Dios si lo hacía y caminaba con él.
Recordar con quién andamos cada día, determinará la manera en cómo decidimos. También nos ayudará a controlar nuestras palabras, en esos momentos de enojo o cuando sentimos frustración y tristeza. La presencia de Dios, te ayudará a permanecer en integridad, cuando nadie más nos vea y a seguir creyendo cuando el panorama se torne oscuro.
El rey David expresó ésta misma convicción al decir: «Aunque pase por el valle más oscuro, no temeré, porque tú estás a mi lado». La presencia de Dios no elimina todos los valles, pero sí cambia la manera en que los atravesamos.
Cuando olvidamos que Dios está con nosotros, cedemos al temor, al desánimo o a la desesperación muy fácilmente. Pero cuando recordamos su presencia, experimentamos su paz y su confianza. No caminamos solos, sino acompañados por un Dios que nunca abandona a sus hijos.
Aunque enfrentes incertidumbre, oposición o una respuesta que aún no llega, antes de inquietarte con el interrogante de cómo lo resolverás, recuerdale a tu alma, quién va contigo. El Dios que abrió el mar rojo para que Israel lo atravesara, cuidó de Daniel en el foso de los leones y sostuvo a Pablo en prisión, es el mismo que camina a tu lado hoy.
El ruido de las circunstancias, nunca será más fuerte que la voz de Dios. Recuerda que la compañía del Señor, te dará las fuerzas para seguir, sabiduría para decidir y esperanza para perseverar. Porque cuando Dios camina contigo, ningún camino es demasiado difícil y ningún desafío es demasiado grande. La presencia de Dios seguirá siendo la mayor seguridad para nuestra vida. Nunca olvides que Dios no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla
