Una de las grandes fuentes de ansiedad en la vida es intentar controlar aquello que no está bajo nuestro control. Queremos controlar lo que otros piensan de nosotros, las decisiones de los demás, las circunstancias, el futuro, los imprevistos e incluso la manera como otras personas nos tratan. Pero cuanto más intentamos controlar lo incontrolable, más agotados terminamos.
La sabiduría está en aprender a distinguir entre lo que puedo controlar y lo que debo soltar y entregarle a Dios.
No puedo controlar las decisiones de los demás, pero sí puedo controlar mis propias decisiones. No puedo determinar lo que otros piensan de mí, pero sí puedo decidir lo que creo acerca de mí mismo, de acuerdo a lo que dice la escritura. No puedo cambiar el pasado, pero puedo decidir qué haré con mi presente. No puedo controlar todos los acontecimientos del futuro, pero sí puedo escoger cómo enfrentar y vivir cada día.

Cuan poderoso es que podamos reconocer: “Esto está fuera de mi control, pero no está fuera del control de Dios”.
El salmista nos habla en el pasaje de hoy, de encomendar nuestro camino y eso no significa ser pasivos ni dejar de actuar; sino hacer nuestra parte y confiarle a Dios aquello que solamente Él puede manejar.
Dentro de nuestro círculo de control están nuestras actitudes, nuestros hábitos, nuestras palabras, nuestras decisiones, nuestros límites, la manera en que administramos el tiempo y el esfuerzo que ponemos en aquello que Dios nos ha llamado a hacer.
Preguntémonos entonces, ¿Qué hacemos con lo que está fuera?
La respuesta es: «Entregarlo».
Hoy necesitamos entregar las opiniones de otros, los imprevistos y todo aquello que no salió como esperábamos. Entregamos el pasado, los errores ajenos y las circunstancias que no podemos modificar.
Jesús mismo nos enseñó a no vivir dominados por la preocupación del mañana, porque el día de mañana traerá sus propias preocupaciones. Quizás hoy estás gastando demasiada energía tratando de controlar algo que nunca estuvo en tus manos. Detente y haz lo que puedes hacer y coloca el resto delante de Dios. No necesitas controlar todo para tener paz. Sino confiar en Aquel que tiene el control. Tu responsabilidad es caminar en obediencia; el resultado final le pertenece a Dios. Recuerda que él no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla
