Alabar a Dios va más allá que levantar las manos y cantar alabanzas cuando las cosas nos salen bien, recibimos la respuesta que esperábamos o vemos cumplido aquello que tanto pedimos en oración. El verdadero desafío de alabar a Dios, aparece cuando todavía no vemos respuestas y aun así decidimos bendecirle en todo tiempo. De hecho el salmista David, inicia el Salmo 34 con una declaración poderosa: «Bendeciré al Señor en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mi boca». No está hablando desde una vida perfecta, completa y suficiente.

Este salmo es compuesto en un contexto de angustia y peligro. Sin embargo, David tomó la decisión que ninguna circunstancia determinaría su adoración. Cuatro reflexiones que me dejan los primeros versículos de éste salmo:
1. Alabar a Dios es más que una emoción, es una decisión.
David dijo: «Bendeciré en todo tiempo» y ésto me enseña que la verdadera alabanza, surge cuando el corazón está luchando. Aunque no entendamos lo que Dios está haciendo, pero decidimos seguir confiando en Él.
2. La alabanza cambia nuestro enfoque.
David afirma: «Me jacto del Señor; que todos los desanimados cobren ánimo». Cuando dejamos de concentrarnos exclusivamente en nuestros problemas y comenzamos a recordar la grandeza de Dios, algo cambia dentro de nosotros. Nuestra situación puede no haber cambiado todavía, pero nuestra perspectiva sí.
Por eso nuestra alabanza también puede convertirse en una fuente de ánimo para otros. Hay personas que necesitan escuchar, que todavía vale la pena confiar en Dios.
3. Alabar junto a otros, fortalece nuestra fe.
David declara: «Alaben al Señor conmigo; exaltemos juntos su nombre». La fe no fue diseñada para vivirse en aislamiento. David invita a otros a unirse a su adoración. Cuando compartimos lo que Dios ha hecho, recordamos sus bondades y exaltamos su nombre, nuestra confianza se fortalece.
4. La oración nos recuerda que Dios escucha.
El versículo 4 dice: «Oré al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores». David no solamente alabó; también clamó. La oración fue el puente entre su temor y la intervención de Dios.
Quizás hoy estés atravesando una temporada difícil y aún no ves la respuesta que esperas. Pero puedes comenzar haciendo lo que hizo David: orar, alabar y confiar.
No permitas que una temporada difícil silencie tu adoración. Que tu situación no determine el volumen de tu alabanza.
Cuando decides buscar al Señor en medio de la dificultad, descubres que Él sigue siendo digno de alabanza, aun antes de que llegue la respuesta. Recuerda que Dios no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel
