Hay días en los que nuestro corazón parece un campo de batalla. Esto no siempre ocurre porque sobrevino a nuestra vida una tragedia o una pérdida evidente. Algunas veces el caos llega de manera silenciosa: perdemos la paz, se debilita nuestra esperanza y la tristeza comienza a ocupar el lugar de la alegría. La buena noticia que te traigo, amado lector, es que Dios no ignora nuestros estados caóticos del alma, sino que nos invita a reconocerlos en nuestro interior, para que así podamos sanarlos. El salmista David, expresó con sinceridad de corazón: «¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí?, espera en Dios». En lugar de ocultar el dolor, David lo llevó delante del Señor. Es que su desánimo, tristeza y desesperanza lo llevaron al desaliento. Pero el podía reflexionar y hacerse preguntas en medio del dolor que experimentaba.

Señales de que un corazón necesita de atención y se encuentra en caos:
TRISTEZA PERMANENTE aun cuando no exista una causa clara.
PERDIDA DEL ENTUSIASMO por personas, proyectos o sueños.
MENTE SOBRE PREOCUPADA, temerosa y confusa.
CANSANCIO EMOCIONAL que nos hace responder con irritabilidad o sensibilidad excesiva.
AISLAMIENTO que nos dificulta relacionarnos y confiar en los demás.
VIDA ESPIRITUAL AGÓNICA, razón por la cual nos cuesta disfrutar la presencia de Dios.
¿Qué provoca éstas señales?
El caos interior proviene de heridas no sanadas, decepciones sentimentales, familiares o de amistades, pérdidas, preocupaciones acumuladas, agotamiento físico o expectativas incumplidas. Si no las enfrentamos, terminan afectando nuestra paz.
Responde lo siguiente: ¿Qué cargas me cuesta soltarle a Dios? ¿Hay alguna herida que me sigue afectando?
Jesús no promete una vida sin dificultades, pero sí una paz que supera toda circunstancia. Él dijo: «La paz les dejo, mi paz les doy.» Cuando el corazón está en caos, la respuesta no es fingir fortaleza, sino acercarnos a Dios con honestidad. Ora, medita en Su Palabra, busca el apoyo de personas maduras emocional y espiritualmente para compartir lo que te sucede.
Sentir tristeza no significa haber perdido la fe, sino que somos seres humanos que necesitamos regresar a la fuente de la paz, la cual es Jesús. Hagamos lo mismo que el salmista David, recordemos a nuestra alma en donde está su esperanza. Dios sigue estando cerca de los quebrantados de corazón, y recuerda que El no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla
