Todos tenemos una historia de vida para recordar. Algunos traen a la memoria, los eventos del pasado donde se evidencia que aún hoy continúa el dolor del fracaso. Otros continúan observando las marcas que le dejaron las heridas, las traiciones, las pérdidas o las decisiones equivocadas que tomaron en un momento de sus vidas. Quienes permanecen atados al éxito del ayer, dejan de avanzar, porque sencillamente piensan que ya alcanzaron todo lo que podían lograr. Sin embargo, el evangelio nos enseña que Dios siempre tiene un nuevo capítulo para quienes deciden confiar en Él.
Cuando el apóstol Pablo escribe la carta a los Filipenses, no estaba negando su historia. Él tenía claro que había sido un perseguidor de la iglesia, y que su pasado estaba lleno de errores. Pero también había comprendido que la gracia de Dios era más poderosa que la culpa que pudiera ensombrecer su presente. Por esa razón, tomó la decisión de dejar atrás todo lo que pudiera detenerlo y concentrarse en el llamado que Dios tenía para su vida.

Dejar atrás el pasado implica:
1. No perder la memoria ni tampoco ignorar las lecciones aprendidas.
Dejamos de vivir bajo el dominio de lo que nos ocurrió en el pasado.
2. Permitir que Dios sane nuestras heridas y rompa las cadenas de la culpa.
El Señor puede transformar nuestras experiencias, en herramientas para cumplir Su propósito. El profeta Isaías declaró: “No se acuerden de las cosas pasadas, el Señor hace cosas nuevas” (Isaías 43:18-19)
3. Ver las oportunidades donde otros ven sólo ruinas.
Donde el ser humano ve un final, Dios ve un nuevo comienzo.
Para avanzar en la vida y dejar atrás el pasado, necesitamos entregar nuestras heridas al Señor, perdonar a quienes nos hirieron y recibir el perdón que Cristo nos promete desde la cruz. Dejemos de definir nuestra identidad, a través de los errores cometidos o por lo que otros un día nos dijeron. Nunca olvides que nuestra identidad está en Cristo y no en lo que vivimos en el pasado.
El diablo nos quiere mantener mirando hacia atrás para impedir que avancemos. Dios nos invita hoy a levantar la mirada y caminar hacia el futuro que de antemano, él preparó para nosotros. Es imposible cambiar lo que ya pasó, pero sí es posible decidir cómo queremos vivir a partir de hoy.
Dejar el pasado en las manos de Dios, nos entrega la confianza y la seguridad, de no ver el futuro como una amenaza, sino como una buena promesa de parte del Señor. Recuerda que Dios no ha terminado contigo y lo mejor del Señor está por delante.
Pr. José Ángel Castilla
