El libro de Ezequiel, a la altura del capítulo 36, describe una de las promesas de restauración espiritual más profundas y contundentes de toda la escritura. Mientras la nación de Israel, vivió juicio y exilio, el Señor les anuncia que no solo restauraría la tierra, sino que también lo haría con el corazón de su pueblo. El pasaje de hoy, nos muestra los síntomas de un corazón endurecido y cómo Dios es el único capaz de transformarlo.
Síntomas que advierten la dureza del corazón:
1. Insensibilidad a Dios: A pesar pese que se practiquen ciertos hábitos que indiquen espiritualidad, el interior de esa persona, se volvió frío, resistente y poco sensible a la voz de Dios.
2. Resistencia a la corrección: Cuesta arrepentirse y muestra indiferencia espiritual, orgullo y autosuficiencia. En el caso de la nación de Israel, pese a todas las advertencias de los profetas, persistió en su idolatría y desobediencia. Igualmente ocurre en nosotros cuando permitimos que las decepciones recibidas, el pecado no confrontado, las heridas del pasado y el orgullo nos endurezcan el corazón.

Nada podemos hacer en nuestras propias fuerzas, la real transformación de un corazón endurecido es una obra divina. El ser humano puede modificar conductas externas, con disciplina y buenas intenciones, pero solo la intervención del Espíritu Santo, remueve la dureza. Por eso el pasaje del profeta Ezequiel, dice que Dios pondría un espíritu nuevo dentro de ellos. No se trata entonces de corrección de comportamientos, sino de una renovación espiritual completa.
3. Pérdida del deseo por disfrutar de la presencia de Dios.
4. Justificación continua en un pecado que se volvió recurrente.
5. Insensibilidad a la Palabra de Dios.
6. Orgullo.
La dureza del corazón es gradual, no de la noche a la mañana. Por eso debemos estar apercibidos al movimiento de Dios y mantener algunas prácticas espirituales que nos ayudarán a mantener el corazón sensible:
* Lectura constante de la palabra de Dios.
* Oración sincera y humilde.
* Arrepentirnos prontamente cuando el Espíritu nos confronte.
* Estar dispuestos a obedecer.
Dios hoy sigue cumpliendo su promesa y renovando el corazón endurecido, cuando permitimos que trate nuestro interior y comenzamos a experimentar una vida espiritual viva, sensible y transformada por el Espíritu. La verdadera restauración no inicia en las circunstancias externas, sino en un corazón renovado por Dios. Un corazón tierno y receptivo, escucha y se deja dirigir. También se arrepiente con más facilidad, ya que reconoce cuando falla y busca restaurar la relación rota con Dios. La sensibilidad ama la voluntad del Padre y nos hace estar atentos al dolor de otros. El versículo 27 añade, que Dios pondrá su Espíritu para que el pueblo camine en sus estatutos. Esto implica, obediencia al Señor, en todo lo que él quiere para nosotros. Recuerda que Dios no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla
