Hace diecinueve años en la ciudad de Washington DC, un hombre se detuvo a tocar su costoso violín en una estación del metro. Por casi una hora interpretó algunas de las piezas de música clásica, más hermosas de la historia. música clásica. Miles de personas pasaron frente a él y la mayoría ni siquiera le miraba. Unos cuantos se detuvieron y le dejaron algunas monedas. Lo que muy pocos notaron, fue que aquel músico se trataba de Joshua Bell, uno de los mejores violinistas del mundo. Dias previos a éste suceso, había llenado un prestigioso teatro, donde cada entrada costaba cientos de dólares para deleitarse escuchandolo.
El mismo hombre con su mismo violín interpretando la misma música clásica. ¿Qué cambió? «El escenario». Erróneamente pensamos que necesitamos ser especiales o diferentes para llamar la atención de Dios y él pueda hacer algo extraordinario con nosotros. La carta a los hebreos en el capítulo once, nos muestra que Dios tomó a personas comunes y por medio de la fe, las colocó en el escenario de Su propósito. Lo extraordinario comienza cuando personas comunes, le creen a Dios y se disponen a ser parte de sus planes.

La palabra fe en el idioma griego es Pistis, y significa persuasión, convicción y confianza. La fe según la versión Reina Valera 60, nos dice que es: «la certeza de lo que esperamos». Cuando hablamos de algo extraordinario, indica algo literalmente: «fuera de lo ordinario, de lo común y lo habitual». Es aquello que supera lo normal, rompe los límites de lo esperado y produce admiración por su grandeza o singularidad. La Palabra de Dios es extraordinaria porque no es un libro común. Contiene una Palabra viva que hace lo que otro mensaje no puede hacer.
La palabra, entra al corazón, produce fe, transforma el carácter, renueva la mente, guía nuestras decisiones y da vida en donde antes había muerte. Dieciséis nombres de personas, aparecen en el capítulo once de la carta a los hebreos. Entre otros destaco a Abel, que adoró a Dios con fe. De Enoc se dice que caminó con Dios y que Noé obedeció al Señor, en medio de una generación corrupta que se burló de su llamado y designación de parte de Dios. Nuestro padre de la fe: Abraham, salió de su tierra Ur, sin saber adónde iba. Moisés renunció a los privilegios que le concedía la nación de Egipto, por obedecer a Dios. Rahab creyó y cambió el destino de su familia.
Todos ellos, vivieron por fe, pero murieron sin ver el cumplimiento pleno de sus promesas mesiánicas. Dios tenía preparado «algo mejor» y es Cristo, junto a su perfecta y completa obra de la redención. Hay algo en común en cada uno de esos valientes y fue su fe, que los llevó a creer sin ver, por eso pasaron de lo común a lo extraordinario en sus vidas y no fue precisamente por sus capacidades naturales. Que hermoso que ellos, siendo personas comunes, le creyeron a un Dios extraordinario. Su grandeza nació de confiar en la Palabra de Dios cuando las circunstancias decían lo contrario.
Recuerda que Dios no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla
