Hay batallas que no se libran con las manos ni en nuestras fuerzas, sino con el corazón. Son esos días en los que oras y el cielo parece guardar silencio. Lees la Palabra, adoras, le sirves al Señor, pero tus ojos siguen sin ver ningún cambio. La enfermedad de alguien continúa, la adicción con la que luchas continúa y las puertas permanecen cerradas. Cuando el milagro no llega y parece retrasarse, es precisamente el momento en donde la fe revela su verdadero valor.
Creer cuando todo sale bien es sencillo. Pero confiar y tener fe cuando no hay señales claras de avance, demanda un paso más en nuestra vida espiritual. Si lloras y te cuestionas el por qué demoran las respuestas, es el terreno perfecto, en donde Dios forma a los gigantes espirituales.
El enemigo de nuestras almas, siempre buscará convencernos de abandonar la confianza, minutos antes de que llegue el amanecer. Querrá que tiremos la toalla justo antes del milagro.

No renuncies amado lector, porque Dios ya está obrando, aunque no puedas verlo. La escritura nos llama a caminar por fe y no por vista. Quién camina en su vida espiritual sin fe, sólo observará circunstancias, pero quien camina creyendo contemplará promesas.
Abraham esperó por décadas el milagro de un hijo. A José lo olvidaron en una prisión antes de convertirse en el gobernador de Egipto. Marta frente a la tumba de su hermano, estuvo convencida de que era demasiado tarde. La fe nos mueve a decir hoy: Dios está comenzando, en donde otros pensaron que todo acabó. Quizás así te has sentido y así ha sido tu historia. Mucha oración y clamor durante años, has sido fiel a Dios, aunque gente cercana a ti se alejó del Señor y abandonó sus caminos, sigue creyendo aun con el corazón cansado. La fatiga espiritual, no puede hablar más fuerte que las promesas de Dios. El reloj del cielo nunca se atrasa, porque el Señor no llega tarde; sino que lo hace en el momento perfecto.
Cuando te ataquen pensamientos que te quieran convencer que nada sucede, ten presente que Dios está alineando personas, circunstancias y tiempos para cumplir lo que prometió. Lo invisible siempre precede a lo visible. Nuestra fe seguirá firme y confiará hasta el último minuto, porque en ese instante se manifestará su gloria. No abandones tu lugar, no sueltes la promesa que abrazaste, no entierres tu esperanza jamás. Adora aunque no entiendas y obedece aunque no veas porque la historia de los hombres de fe no terminó en una tumba, en un horno de fuego, en un foso de leones ni en una cruz. Seamos fieles a Dios hasta escribir el último capítulo de nuestra vida. Sigue creyendo, porque el Dios que prometió la promesa sigue siendo el mismo. Cuando Él interviene, un solo instante de su poder cambia para siempre una espera de muchos años.
Recuerda que Dios no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla
