Hay personas cuyas cargas y problemas cotidianos les cercernaron su capacidad para soñar. Llegaron al conformismo de tan sólo sobrevivir en la vida. Las alas de la conquista se le fracturaron en algún fallido intento de obtener algo, pero salieron heridos y no volvieron a recuperarse y volver a intentarlo. La historia de Caleb nos entrega el ejemplo de un hombre que nunca permitió que el tiempo debilitara su fe y mucho menos se le apagaran en su corazón, las promesas de Dios. A sus 40 años de edad, Moisés lo envía junto a Josué y otros 10 espías más, a reconocer la tierra prometida. Y precisamente estos últimos hombres, se llenaron de temor y dieron informes negativos cuando encontraron gigantes. Pero Caleb al ver su actitud, declaró con mucha valentía: «Subamos luego, y tomemos posesión de la tierra; porque más podremos nosotros que ellos». Él entendió y siempre tuvo presente, que las promesas de Dios son más grandes que cualquier obstáculo.

Pero la incredulidad del pueblo de Israel le hizo vagar 40 años por el desierto, razón por la cual, a Caleb le tocó esperar 45 años para recibir la herencia que Dios le había prometido. Me ministra tanto que en todo ese tiempo de espera, no se desanimó y se mantuvo perseverante con una fe fuerte. Cuando estaba en sus 85 años, se presenta delante de Josué y le declara con mucha fuerza, contundencia y fe: «Dame pues, ahora este monte». Ésta tierra que pide éste gran hombre de fe, no fue la más fácil y accesible. Pidió Hebrón, una región montañosa habitada por los descendientes de Anac, los cuales eran hombres de gran estatura. Él sabía que en ese lugar moraban gigantes, pero tenía la certeza que Dios seguía siendo el mismo. Su confianza no estaba en sus propias fuerzas, sino en la fidelidad del Señor. ¿Qué montaña necesitas conquistar en éste tiempo, amado lector?
Quizás tú monte sea un matrimonio a restaurar, la salvación espiritual de nuestra familia, ser libre de una adicción o atadura o provisión sobrenatural para la educación de tus hijos. Esa montaña habitada por gigantes, la conquistaremos creyendo. Como hijos de Dios, estamos llamados a liderar con fe, perseverancia y obediencia a nuestra familia. La mayor herencia que recibirán nuestros hijos no serán posesiones materiales, sino el ejemplo de nuestra vida de fe que confíó plenamente en Dios. Las victorias de un hombre de fe siempre alcanzarán a su siguiente generación. ¿Lo puedes creer?
Seamos como Caleb, en la manera como pedimos y conquistamos: «Señor, dame el monte que has preparado para mí». Tener fe, no significa darle órdenes a Dios en lo que anhelamos conquistar. Abrázate a sus promesas, tengas la edad que tengas, porque mientras vivas tendrás desafíos, pero verás Su Gloria.
Si Dios está con nosotros, tendremos la victoria, porque le seguimos y creemos de todo corazón. Recuerda que él no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla.
