El desierto es caluroso, frío, hostil y poco cómodo para la subsistencia humana. Pero ese paso que afrontamos atravesar en un momento de la vida, no es el final, sino el preludio. Dios no introduce al desierto a sus hijos, para que se queden y mueran allí. Los lleva a ese difícil lugar, con el fin de prepararlos para la conquista. La fe que necesitamos y que hemos venido desarrollando, no fue un simple ejercicio espiritual para disfrutar en lo privado, sino el arma con la que vamos a reclamar territorio, promesas y herencia espiritual. Esa fe que nos impulsa, afirma en Cristo y que recibimos como don, crecerá como fruto, para lanzarnos a la batalla de poseer lo que Dios nos prometió. ¡Este es tu momento de conquistar, amado lector!

LA FE ES AUTORIDAD SOBRE LO QUE DIOS DECLARÓ COMO NUESTRO
Dios miró al pueblo de Israel en el camino de desierto y les dijo: «Yo les he dado esta tierra», «Entren y poseenla». Pero antes de entrar, primero tuvieron que creer. La fe no es solo mantenernos en paz en el desierto, sino que se constituye en la licencia que necesitamos para conquistar. Cuando Josué llevó al pueblo a Jericó, no entró con armas físicas. Entró con una fe que gritaba, que marchaba, que confiaba en que los muros iban a caer. Nuestra fe nos entrega autoridad sobre todo lo que Dios prometió. Deja a un lado la timidez, la falsa humildad y declara: «Esto es mío porque Dios lo dijo, y yo lo voy a reclamar». Dios mismo lo confirmó a Su pueblo: Miren, yo les he entregado la tierra; entren y posean la tierra que Jehová juró dar a sus padres Abraham, Isaac y Jacob. Tu fe es la que finalmente da el paso de posesión.
LA FE ES LA CONQUISTA DE LO IMPOSIBLE
El desierto le enseñó a Israel que Dios es Dios de lo imposible. Quizás hoy enfrentes a tu Jericó personal, la fe te dará la convicción de que esos muros de oposición van a caer. Si tienes enfrente a un Goliat espiritual, la fe te recordará lo que hizo David. No se trata de ignorar la realidad de una oposición, sino de conocer una verdad mayor, y es que Dios puede derrotar cualquier enemigo. La conquista nunca será en nuestras fuerzas sino en las de Dios. Cuando Caleb y Josué regresaron de explorar la tierra prometida dijeron: «Somos capaces de conquistarla». No eran guerreros invencibles, sino que tenían a un Dios más grande que su miedo a los gigantes. Esa es la fe que conquista, la que mira al enemigo y dice, mi Dios es extraordinario.
Recuerda que Dios no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel
