La mayoría de los salmos, inician describiendo alguna crisis que experimentaba el salmista que los compuso. En el pasaje de hoy, el poeta comienza hablando acerca de la provisión de Dios. Él había buscado su ayuda, en medio de los tiempos difíciles y la encontró. Es que no hay hombre que levante un clamor a Dios por ayuda y socorro, que no se quede sin su respuesta. Por eso el salmista escribía desde sus experiencias vividas. Así como las ciudades de refugio, podían proteger al fugitivo, Dios mismo, se muestra como lugar de amparo y fortaleza para Su pueblo. También podemos ver al Dios que auxilia, no en la distancia sino un pronto auxilio. Cuando una criatura sea animal o humana corre peligro, siempre correrá a buscar un refugio. Nuestro mayor refugio amado lector, es el Señor.

¿Cómo renovar nuestras fuerzas en medio de las circunstancias?
1. Encuentra refugio solo en Dios, no en tus propias fuerzas.
El primer paso para renovar las fuerzas es correr a Dios. Él no solo da ayuda; Él mismo es nuestro refugio y protección.
2. Descansa en la presencia de Dios.
La fortaleza se renueva cuando dejamos de luchar solos y aprendemos a permanecer en Su presencia mediante la oración, la adoración y Su Palabra.
3. Confía en que Dios actúa en medio de la crisis.
El Salmo 46 no promete ausencia de problemas, sino la presencia de Dios en medio de ellos. Su ayuda llegará en el momento oportuno.
4. Avanza con una fe renovada.
Quien encuentra refugio en Dios recupera el ánimo para seguir adelante. Las circunstancias pueden no cambiar de inmediato, pero el corazón sí cambia cuando Dios renueva las fuerzas.
Nuestra mayor seguridad, es sentir a Dios cerca de nosotros. El no se aleja porque su omnipresencia se lo impide, pero la conciencia de su presencia, nos entrega seguridad y paz. Ver en Dios a nuestro refugio seguro es tener la tranquilidad de que aunque venga un terremoto y una montaña se deshaga, nada nos moverá.
¿Qué te inquieta o te preocupa? Te invito a soltarlo al Señor y permitirle que tome el señorío de esa área frágil de tu corazón. Corre a Dios en éste nuevo día que inicia. Recuerda que el Señor no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla
