Dios te llama esforzado y valiente

Gedeón se encontraba escondido trillando trigo en un lagar y no en la era, sitio donde comúnmente se realizaba esa tarea. Lo hacía así para poder protegerse de los madianitas, quienes saqueaban las cosechas de Israel. Esta es la historia de un hombre atemorizado, que hacía su trabajo a escondidas y sobreviviendo ante la opresión de un enemigo que durante años había destruido a su pueblo.
En ese preciso momento, mientras Gedeón se escondía de miedo, un ángel se le aparece y le dice: «¡Varón esforzado y valiente!»
¿Notas amado lector, lo que Dios estaba haciendo? No lo llamó por lo que Gedeón era en ese instante, sino por lo que sabía que llegaría a ser. Gedeón veía sus limitaciones, pero Dios vió su potencial. Aunque sintió mucho miedo; el Señor miró su valentía.
Dios no nos describe la situación presente que vivimos cuando nos habla, sino que se concentra en recordarnos nuestro destino.


El miedo no puede anular lo que el Señor ya declaró. Gedeón respondió con una lista de razones por las que no podía ser la persona que Dios dijo que era: su familia era pobre, él era el menor de su casa y se sentía insignificante. Pero Dios no retiró su llamado. Le dijo: «Ve con esta tu fuerza. ¿no te envío yo?» Nuestros miedos, sentirnos insuficientes, el pasado o las circunstancias, no pueden cancelar aquello que Dios declaró acerca de nosotros. Dios conocía perfectamente quién era Gedeón cuando lo llamó valiente y esforzado. Él no se equivocó de persona, así como tampoco se equivocó contigo.
Gedeón comenzó con 32.000 hombres, pero Dios redujo su ejército hasta dejarlo en apenas 300. No veamos ésto como un abandono ni una derrota, sino la oportunidad para demostrar que la victoria no dependería de las fuerzas humanas, sino de Dios.
Si hoy sientes que tus recursos, fuerzas o posibilidades se te han reducido, no saques conclusiones a priori diciendo que Dios te abandonó.

Cuando Dios nos quita, lo hace para que dejemos de ser suficientes en nosotros mismos y aprendamos a depender de Él.
Gedeón venció con una estrategia que parecía absurda: trompetas, cántaros y antorchas. La victoria fue tan extraordinaria que nadie podía atribuirla a la capacidad humana.
Aunque te escondas como Gedeón, Dios no te ve solamente por lo que hoy eres, sino que Él ve lo que puede hacer contigo cuando decides obedecerle. No necesitas sentirte valiente para dar el primer paso. ¡Obedece ya! aunque sientas temor. Dios no nos pide dejar de temblar para comenzar; sino que nos pide avanzar mientras temblamos.

Recuerda que Dios no ha terminado contigo.

Pr. José Ángel Castilla

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