El desánimo es una de las luchas más comunes, con la que libramos los seres humanos. Puede aparecer en nuestra vida, de manera inesperada, luego que nos decepcionamos por algo o de alguien. Quizás sufrimos una pérdida importante, fracasamos en una meta no conseguida, o finalmente, el desánimo producto del desgaste de nuestra vida diaria. Grandes hombres y mujeres de Dios en la Biblia experimentaron momentos de tristeza profunda. Uno de ellos fue el profeta Elías, que tuvo deseos de rendirse luego de una gran victoria. Así mismo, el salmista David, derramó su alma en los Salmos y el apóstol Pablo enfrentó pruebas que lo llevaron al límite de sus fuerzas. Sin embargo, ninguno encontró la salida mirando únicamente sus circunstancias, sino que volvió su mirada hacia Dios.

A continuación amado lector, te daré algunos consejos para vencer el desánimo
1. Entrega tus cargas a Dios
Dios no espera que aparentemos sentirnos bien. Acércate con sinceridad. Nuestra oración, no cambia de inmediato lo que vivimos, pero transforma tú corazón y te recuerda que no estás solo.
2. Alimenta tu mente con la verdad de la Palabra de Dios
El desánimo le sube el volumen a los problemas y nos hace olvidar las poderosas promesas divinas. Reemplaza los pensamientos de derrota por las verdades de la Escritura.
3. No te aisles de la gente
Hay personas que cuando se desaniman se aislan de los hermanos en la fe y hasta de su propia familia. Comparte las cargas con personas maduras en la fe, recibir oración y escuchar consejos y palabras de ánimo, fortalecen el corazón y nos ayudan a perseverar siempre.
4. Fija tu mirada en la esperanza eterna
Las dificultades de la vida, son reales, pero ninguna de ellas, tienen la última palabra. Cristo venció al mundo y prometió estar con nosotros todos los días.
Si atraviesas un tiempo de desánimo, recuerda que un mal momento, la tristeza o la desilusión, podrá definir nuestro futuro. Dios obrará incluso hasta cuando no podamos verlo. Aférrate a sus promesas, persevera en oración y da un paso de fe cada día. Quién sostuvo a David, Elías y a Pablo, también sostendrá tu vida. Recuerda que Dios no ha terminado contigo y en Él siempre existirán nuevas fuerzas para continuar.
Pr. José Ángel Castilla

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