Hay personas que cuando llegan a nuestra vida, lo hacen para bendecirnos, acompañarnos y ayudarnos a crecer. En cambio hay otras, que terminan convirtiéndose en una fuente constante de desgaste emocional, confusión y pérdida de la paz. Necesitamos de la sabiduría divina para discernir cuales personas deben quedarse y aportarnos y cuales sencillamente lo mejor es mantenerlas a distancia. El pasaje de hoy es una píldora de sabiduría: Las personas con quienes compartimos nuestra vida, influyen en nuestros pensamientos, decisiones, emociones y conducta. Por eso es tan importante saber elegir nuestras relaciones, no movidos por el egoísmo o el interés de recibir, sino como un acto de sabiduría.
No todas las personas debemos conservarlas a cualquier precio. Hay algunas que constantemente irrespetan nuestros límites, manipulan nuestras emociones, alimentan nuestros errores o nos arrastran a comportamientos que nos alejan de Dios.

Ante casos como los anteriormente descritos, debemos tomar distancia, para de esa manera proteger nuestra integridad y recuperar la estabilidad interior.
Jesús nos enseña que debemos amar a nuestro prójimo, pero amar no significa permitirlo todo. Podemos perdonar las ofensas, pero a veces la confianza toma tiempo restablecerla. Es posible también desear el bien para alguien, sin que debamos incluirlo en nuestro círculo íntimo. Así como podemos también orar por una persona, sin que tengamos que permanecer expuestos a sus conductas destructivas. Cuidar el corazón es una instrucción que nos entrega el sabio Salomón y ésto implica prestar atención a lo que permitimos entrar a él y a las voces que escuchamos, así como el tipo de relaciones que alimentamos.
Examinemos amado lector, nuestras propias motivaciones. No toda incomodidad es señal para alejarnos de alguien. Una conversación honesta, una corrección o una diferencia de opiniones son oportunidades que también nos llevan a crecer.
No confundamos un conflicto normal, con una relacion dañina, ni utilicemos tampoco la distancia como una forma de castigar a quien nos ha ofendido.
La verdadera sabiduría consiste en discernir cuándo permanecer para construir y cuándo alejarnos para preservar lo que Dios está formando en nosotros.
Si una relación te destruye emocionalmente, te empuja a desobedecer a Dios o vulnera de manera recurrente tu dignidad, corre a establecer límites saludables y busca ayuda si no sabes darle manejo a la situación. No te sientas atrapado o culpable por tomar una decisión prudente.
Recuerda que podemos amar sin depender, perdonar sin exponernos nuevamente a ser dañados y desear que alguien sea restaurado, sin asumir la responsabilidad de cambiarlo.
Tomar distancia de ciertas personas, no significa dejarlas de amar; sino comprender que necesitas cuidar tu vida y el corazón que Dios te entregó. Recuerda que él no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel
