Hay una tranquilidad que no se compra con ninguna suma de dinero en la vida, y es la de poder presentarnos delante de Dios y de los demás con una conciencia limpia. Cuando nos esforzamos en vivir en la luz y en la verdad, experimentamos una paz que sobrepasa el entendimiento humano. A diferencia de vivir una vida de ocultos, justificaciones, distorsiones y negaciones de nuestros actos del pasado, terminamos construyendo una vida que siempre necesitará demasiadas explicaciones para sostenerse.
Decir la verdad no siempre es fácil. A veces significará reconocer un error, pedir perdón a quien le fallamos, admitir que nos equivocamos y aceptar que nuestras decisiones tuvieron sus consecuencias. La verdad, amado lector, aunque nos incomode inicialmente, tendrá siempre el poder de restaurar lo que la mentira termina destruyó.

Una conciencia limpia es la consecuencia de tener el valor y rendir cuentas siempre a nuestras autoridades. Una persona madura espiritualmente no huye, ni evade conversar cuando alguien le pregunta por sus decisiones. Si somos confrontados con amor, ¿Por qué incomodarnos y molestarnos? Rendir cuentas significa caminar en transparencia, permitiendo que personas de confianza, de nuestro círculo íntimo nos pregunten: ¿Cómo vivimos y nuestras acciones son coherentes con nuestra fe?
El autor de Proverbios nos enseña que: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” Dios no espera que seamos personas sin errores; sino sinceras. El problema no es haber fallado, sino mentirnos a nosotros mismos y a los demás que llevamos una vida intachable cuando no es así.
Cuando vivimos en verdad, podemos de verdad descansar. No tenemos que andar recordando versiones diferentes de una misma historia para contar y así justificar nuestra falta. Tampoco vivir preocupados porque alguien nos descubra en aquello que estuvimos escondiendo. Ser transparentes nos hace libres. Estar en paz con Dios también implica procurar estar en paz con las personas. Esto no significa que siempre podremos evitar los conflictos o que todos tendrán que estar de acuerdo con nosotros. Estar en paz es hablar con la verdad, reconocer nuestros errores, pedir perdón cuando corresponda y también reparar cuando nos sea posible, a quien hayamos dañado.
Cuando caminamos en la verdad, rendimos cuentas y mantenemos una conciencia limpia delante del Señor, nuestra vida deja de ser una fachada. Podemos vivir con libertad, porque no necesitamos escondernos. Recuerda que Dios no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel
