Dios conoce la verdad de tu corazón

Una de las decepciones más dolorosas de la vida no siempre tiene que ver con las acciones de los demás, sino con lo que alguien cree de nosotros sin conocernos realmente. Duele descubrir que una persona diga conocernos, pero nos juzgue por algo que no dijimos, nos atribuya intenciones que nunca tuvimos o construya una historia acerca de nosotros,  basada en suposiciones.
José el hijo de Jacob vivió ésta experiencia. Fue vendido por sus propios hermanos, recibió acusación injusta de parte de la esposa de Potifar y terminó preso por algo que no había cometido. Fueron tantas las razones para sentirse frustrado, decepcionado y abandonado, sin embargo, en medio de todo lo que le tocó vivir, Dios seguía viendo la verdad de su corazón.
A veces queremos defendernos de forma inmediata y explicar cada detalle para demostrar nuestra inocencia. Hay momentos en los que debemos aclarar las cosas, pero otros en los que debemos aprender que no podemos controlar la opinión que otros tienen de nosotros.

Hay personas que luego de escuchar la versión que les dimos, seguirán creyendo lo que decidieron creer.
Jesús también fue injustamente juzgado, acusado de cosas que no había cometido, calumniado y finalmente condenado siendo inocente. Frente a muchas acusaciones, prefirió guardar silencio. No porque no tuviera argumentos, sino porque sabía que su identidad no dependía del juicio de sus acusadores.
Esto nos enseña algo poderoso y es que no toda acusación merece una respuesta, ni toda opinión merece nuestra angustia.
Cuando otros nos decepcionan, debemos cuidar que la decepción no transforme nuestro corazón. No permitamos que una injusticia nos convierta en personas amargadas, desconfiadas o vengativas. Entreguemos a Dios aquello que no podemos resolver.



Quizás amado lector, alguien te juzgó por algo que nunca hiciste. Otros posiblemente están hablando de ti desde una versión incompleta de la historia. ¡No necesitas vivir, tratando de convencer a todo el mundo!
Dios conoce lo que otros desconocen. Él conoce tus palabras, tus intenciones, tus lágrimas y también tus silencios.
“El Señor examina y conoce tu corazón, mejor que nadie” Por eso camina con integridad, no permitas que la injusticia de otros determine tu conducta. Quienes te juzguen tendrán que encontrar motivos para cambiar de opinión, pero si no lo hacen, sigue teniendo un corazón limpio delante de Dios.
La mejor defensa de una vida íntegra, no son las explicaciones, sino el testimonio constante de quién eres cuando nadie te está mirando.

Recuerda que Dios no ha terminado contigo.

Pr. José Ángel

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Rostro Pastor José Ángel

Pr. José Ángel Castilla

 

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