
La Palabra de Dios es espada de doble filo, que nos rompe por dentro. Esa acción de cortarnos internamente, nos confronta frente a acciones u omisiones que tienen que ser cambiadas de inmediato. Si queremos crecer espiritualmente en éste nuevo año, no lo lograremos si seguimos aferrados a nuestras excusas. Anhela Su presencia, poder y dirección, pero no limites lo que Él quiere hacer, por falta de rendición. Recibir más llenura de Dios, implica vaciarnos de los estorbos espirituales tales como: desobediencia, temor, anclarnos a nuestra zona de comodidad, postergar todo, ataduras carnales y no decir sí a Su llamado de servicio. Todas estos estorbos y justificaciones, nos limitan y se vuelven tan visibles, que hablan de lo vacío que estamos. Dios no busca gente llena de argumentos, sino corazones disponibles, porque cuando dejamos de excusarnos y reconocemos nuestras debilidades, abrimos espacio para que Él nos llene.
Santiago 1:22 NTV
[22] No solo escuchen la palabra de Dios; tienen que ponerla en práctica. De lo contrario, solamente se engañan a sí mismos.
Servir requiere de compromiso y eficiencia. Ser alguien eficiente, no significa hacer mucho, sino hacer lo que Dios nos llamó a hacer, de forma excelente y siendo fieles. Responder a un llamado, demanda que seamos responsables, discernir los tiempos, obedecer Su voz con prontitud, porque la obediencia tardía, es en el fondo, desobediencia a su llamado. Caminar en obediencia es una decisión diaria; no es solo sentir la presencia de Dios, sino rendirnos a ella con acciones concretas. Quien dice sí al llamado de Dios, el Espíritu Santo le forma, fortalece, provee y recibe gracia para servir. Dios no llama a capacitados; sino que capacita a los que le dicen sí a su llamado, sin poner excusas. Su elección no es por los perfectos y completos, sino la gente obediente, que se somete a Su palabra y que espera y cree en milagro en todo tiempo. Te invito a comprometerte de verdad en éste nuevo año amado lector. En corazones obedientes y rendidos, hay crecimiento y avivamiento. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Abrazo fraterno para todos.
Pr. José Ángel Castilla