
Dios anhela que podamos intimar más con él. Sea que vivamos buenos o malos momentos, su llamado es que experimentemos un mayor nivel de intimidad en su presencia. En la presencia de Dios, viviremos momentos donde él se derrama en nosotros y en su cercanía, descansamos y reconocemos su fidelidad. El apóstol Pablo nos enseña en el pasaje de hoy, que Dios es un Dios de paz, no de confusión, ni alguien que coloca en nosotros una carga excesiva, sino que él es un Padre que nos afirma, guarda y perfecciona la obra que un día comenzó en nosotros. Dios no sólo nos llama a la santidad, sino que Él mismo nos santifica por completo en espíritu, alma y cuerpo. Es tanta la sabiduría y el control que Dios tiene de nosotros, que nada queda fuera de Su cuidado. Caminar con Dios sería infructuoso, si pensamos que todo lo podemos lograr en nuestras fuerzas. Sólo por la gracia activa de Dios, veremos su obra de amor, en cada área de nuestro ser.

Ser personas apartadas y guardadas irreprensibles, no significa que no tengamos que vivir luchas, sino que vivimos bajo la cobertura de Dios, quien conoce cada una de nuestras debilidades. El promete guardarnos, pese a que le fallemos por causa del cansancio espiritual o emocional. Cada día por su fidelidad, seremos levantados por Su gracia y Su paz. Suelta hoy amado lector, el peso innecesario y confia en Su perfecta y soberana voluntad. En ésta vida, no caminamos solos, porque el mismo Dios que nos llamó y apartó, será el mismo, que nos guardará hasta el final. Sigue perseverando, aun cuando físicamente no puedas verlo. Él no solo nos llama a ser fieles, por medio de Su Espíritu Santo. Entrega tus cargas y no las continúes llevando en tus fuerzas, porque el Dios que te sostiene, completará en ti la obra que comenzó. Recuerda que Dios no ha terminado contigo. Abrazo fraterno.
Pr. José Ángel Castilla