
Es natural en los seres humanos que sintamos el deseo de conquistar, ganar o triunfar. Cada vez que oramos, debemos decirle a Dios que prime su voluntad, por encima de cualquier otro deseo personal, el cual pasa a un segundo plano. En la obra de Dios lo principal es su Reino, por eso nuestra voluntad debe menguar. Caminar en el Reino de Dios, no significa correr una carrera en busca del éxito, sino una misión que demanda muerte y entrega total. Esta acción voluntaria de humillación, servicio a los demás y entrega, trae una recompensa que no buscamos, sino que llega como consecuencia de hacer su voluntad. Piensa un poco más en Dios y en los demás, y menos en ti amado lector. Cada día, el Señor nos sorprende y también nos exige entrega. Justamente cuando lo hacemos para obrar su voluntad, él nos bendice y de esa manera, Él crece en nuestra vida y su presencia nos satisface.

La palabra griega menguar ἐλαττοῦσθαι implica: “ser hecho menor”, “retirarse voluntariamente para que otro pueda ser exaltado”. Jamás veamos el acto de menguar, como una humillación forzada, sino un acto consciente de humildad. Entonces decirle al Señor que menguamos, implica entregar el control, renunciar al ego y disminuir al yo, para que Cristo forme nuestro carácter y nos haga más y más parecidos a él. Coloca a Dios en el primer lugar y nunca olvides que nuestro crecimiento debe servir, para que el nombre de Jesús se engrandezca. Sirve a Dios por gratitud, sin interés alguno. Recuerda que Dios no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla