
La pereza espiritual es un estado del corazón y de la mente, en la que podemos dejar de buscar a Dios con constancia, aunque exteriormente sigamos creyendo. No siempre la pereza es falta de fe, sino falta de disciplina, pasión y sensibilidad espiritual. La carne o naturaleza pecaminosa de la cual nos habla la escritura, siempre buscará lo fácil: “Ora mañana”, “Hoy no ayunes”, “No vayas a la iglesia” o “No es necesario que te comprometas tanto” La carne ama quedarse en el sillón de la zona de confort y de la pereza espiritual. Jesús le dijo a Pedro en una ocasión: “Apártate de mí, Satanás”, porque sin darse cuenta pensaba y hablaba desde la razón y la lógica humana y no desde el propósito de Dios. Jesús lo reprende fuertemente, ya que él acababa de anunciar su sufrimiento, muerte y estaba revelando el corazón del plan redentor: la cruz. Es allí cuando Pedro no queriendo que el maestro sufra le dice: “¡Eso no te sucederá!”

Humanamente hablando, suena a amor, protección y lealtad. Pero espiritualmente era una resistencia directa a la voluntad del Padre respecto al plan de salvación para la humanidad. Jesús no reprende la humanidad de Pedro, sino la influencia satánica detrás de sus palabras. Por eso el Señor le dice: “Me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”. La consagración cuesta amado lector, y la carne huye de ese costo. La carne no quiere disciplina, por eso siempre coloca excusas.
La carne también usa al cuerpo para sentír placer sin límites, una sexualidad sin santidad, nos hace adictos con adicciones visibles e invisibles, tales como el uso compulsivo de pantallas, pensamientos obsesivos, dependencia emocional, compras impulsivas, trabajo compulsivo y comer como refugio emocional. Revisa tus malas decisiones que te han llevado al lugar donde estás. Reprende en el nombre de Jesús toda pereza espiritual y todo facilísmo en el nombre de Jesús. Esfuérzate y se valiente y recuerda que Dios no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla