El libro de las Lamentaciones del profeta Jeremías, nace de un momento de profunda crisis. Jerusalén había sido destruida, su templo estaba completamente en ruinas y el pueblo sufría las consecuencias del pecado, así como la invasión de Babilonia.
Hay algo interesante y que asalta mucho mi atención y es que Jeremías no maquilla su dolor delante de Dios.
Él cuenta todo lo que siente: Aflicción, amargura, llanto, soledad y desesperanza. Jeremías se toma el tiempo de contarle a Dios lo que está pasando dentro de él.
Y esto nos enseña algo muy importante en nuestra vida y es que no podemos desconocer que tenemos un alma, y con ella también emociones que necesitamos validar.
Hoy quiero dejarte algunos pensamientos importantes que debemos considerar:
TENER FE NO SIGNIFICA NEGAR NUESTROS SENTIMIENTOS.
Dile a Dios todo lo que sientes. Ser alguien espiritual, no significa decir: “Estoy bien, todo está bien, Dios tiene el control”, pero por dentro estamos llenos de tristeza, frustración, enojo, temor o preguntas. Abre tu corazón completamente a Dios amado lector.

Jeremías no está haciendo una declaración religiosa, sino que describe cómo se siente.
Hay personas que por años llevan acumulando: heridas, decepciones, pérdidas, interrogantes, frustraciones, culpas y mucho resentimiento.
Lo que no le expresamos a Dios en oración, termina gobernando en nuestro interior.
LAMENTARSE NO ES PERDER LA FE
Llevemos nuestras emociones, delante de Su presencia. Hay una diferencia entre quejarse de Dios y abrirse a Él. Jeremías hablaba con el Señor. Ante un sufrimiento algunos se alejan de Dios, pero nosotros nos acercamos más a Él.
Lamentaciones nos enseña a decirle a Dios:
“Señor, estoy cansado, ésto me dolió, No entiendo por qué sucedió, estoy decepcionado,
Estoy luchando con esto y hay cosas que todavía no he podido superar.”
Dios conoce lo que hay dentro de nosotros, cuando nos abrimos delante de Él, no es para informarle lo que él ya conoce, sino sacar aquello que hemos estado cargando.
UN DESAHOGO CON DIOS SE CONVIERTE EN UN ENCUENTRO ESPECIAL
Jeremías dice: “Recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré.” y después recuerda que: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” Algo entonces cambió.
Las circunstancias eran difíciles, Jerusalén seguía destruida y el dolor seguía siendo real.
Pero ahora Jeremías miraba su situación desde otra óptica. Y eso es el resultado de abrirle el corazón al Señor. Aunque las circunstancias no cambien, Dios puede hacernos cambiar la manera de atravesarlas.
LLORA, PERO TAMBIÉN RECUERDA QUIEN ES DIOS.
Llega a Dios con preguntas, pero sal de su presencia con una palabra de esperanza. Llora pero termina tu llanto adorando. Aunque digas: “No puedo más”, termina diciendo: “Grande es tu fidelidad.”
No te quedes solamente en el lamento, recuérdale a tu alma lo que Dios te ha dicho y recuerda que él no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel
