Dios nos ama como nadie. Ésta es una verdad que no cambiarán nuestras circunstancias presentes o futuras. Sin embargo, hay temporadas en las que nuestro corazón experimentará ciertos vacíos que a veces se nos vuelve difícil de explicar. Son momentos en los que el silencio parece hacer ruido, nuestras oraciones a Dios, parecen no encontrar respuesta y la soledad intenta convencernos de que el Señor se encuentra lejos de nosotros.
Tengamos siempre presente, que el silencio de Dios no significa su ausencia de nosotros.
A lo largo de la Biblia encontramos hombres y mujeres que atravesaron temporadas similares. David por ejemplo, escribió varios salmos llenos de preguntas acompañados de lágrimas. Job vivió el dolor, aún sin comprender lo que le estaba sucediendo. Incluso nuestro Señor Jesucristo, en la cruz expresó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Sin embargo, en cada uno de esos momentos, el amor y el propósito de Dios seguían intactos. El mayor que podemos cometer amado lector, es que midamos el amor de Dios por lo que sentimos. Los sentimientos podrán ser reales y nadie nos engañará al respecto, pero no siempre nos dirán la verdad. En cambio, la Palabra de Dios sí lo hará. Cuando nuestras emociones cambian, sus promesas permanecen. Cuando todo parece incierto, su fidelidad sigue siendo firme.

Quizá hoy amaneciste sintiendo que nadie comprende tu lucha. Tal vez cargas una decepción del pasado, sigues aún dolido por lo que alguien tomó de ti o tú oración puntual por aquello que te urge, aún no ha sido respondida. Pero nada de eso impedirá que Dios deje de mirarte. Él conoce cada lágrima, escucha cada suspiro y entiende lo que ni siquiera puedes expresar con palabras. En ocasiones Dios guardará silencio, porque continúa formando nuestro carácter, fortaleciendo nuestra fe y enseñándonos a confiar más en su Palabra. Lo que hoy parece una espera interminable, mañana se convertirá en el testimonio que fortalezca la fe de otros.
No permitas que el vacío interior (Señales de un corazón en caos.) tenga la última palabra. Llena ese espacio con la verdad de Dios. Regresa a las Escrituras, ora aunque parezca difícil, adora aun cuando no tengas todas las respuestas y recuerda que el amor del Padre no depende de lo que sientes, sino de quién es Él.
Descansa hoy en la certeza que eres profundamente amado. El mismo Dios que estuvo contigo en los días de la alegría, permanecerá firme a tu lado, en las noches más oscuras. Su silencio nunca es abandono, sino que será el escenario en donde se prepara el milagro, la respuesta y la transformación que aún no alcanzas a ver.
Recuerda que Dios no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla
