
Eran tres décadas de enfermedad física y espiritual la que le tocó enfrentar al parálitico de Betesda antes de encontrarse con Jesús. Hay personas que están postradas y ancladas al pasado, tal y como le sucedía a éste hombre. Con una sensación de estancamiento, no porque Dios no pueda obrar en ellos, sino que prefirieron poner su mirada en personas y cosas antes que en el Señor. No digas más cosas tales como: Cuándo será el día en que me cumplan lo que me prometieron o cuándo será que Dios me responda a lo que le pedí y tal vez esperes a que otros te resuelvan la vida. Que tú vida éste año no se vea sumida en un estanque de desilusión y desenfoque. Jesús hace arribo al lugar de tu necesidad hoy y te dice: Toma tú lecho y anda. Ese paralítico que se postraba en su camilla, llevaba consigo una historia, excusas y una identidad distorsionada. Jesús no solo lo sana, sino que le pide cargar aquello que en el pasado lo cargaba a él, porque el gran milagro en la vida de éste hombre, no era caminar, sino volver a vivir cómo alguien que pudo vencer la parálisis.

Dedico este artículo, para todos aquellos que han tenido luchas en su fe y les cuesta creer. También para ti que quizás te has dejado de alimentar espiritualmente, sabes que Dios puede hacerlo, pero te lamentas y cuestionas su manera de hacer las cosas. No te justifiques más en tu estancamiento, fluyendo en una aparente espiritualidad, pero en realidad eres incrédulo y estás frustrado pero te cuesta reconocerlo. Ríndete a Jesús y reconoce que el puede hacerlo. El no restaura con curitas y pañitos de agua tibia, Él vino a sacarnos del estanque. ¿Estás esperando que algo externo te cambie o confias en Dios plenamente para realizar los cambios que anhelas? Recuerda que Dios no ha terminado contigo.
Pr. José Ángel Castilla