Una mente limitada

Jesús llega a un estanque donde se encontraban postrados muchos enfermos, cojos, paralíticos que esperaban a que un movimiento en el agua cambiara su condición. Todos querían lo mismo: Recibir un milagro de sanidad, algo realmente extraordinario que cambiara sus vidas para siempre. En el estanque de Betesda, se encontraba un hombre paralítico. Treinta y ocho años de postración física, emocional y espiritual que lo llevaba a estar tirado en el suelo, digno de lástima y con la fe lastimada. El paralítico tenía una mente limitada, conformista, sin esperanza, rodeado de otros enfermos con una condición similar a la de él. A veces podemos parecernos a éste hombre, viendo su entorno como si fuese real, como algo que “algún día” cambiará, pero mientras, tanto, se conforma con cualquier miseria. En el estanque, no solo inmovilizó sus piernas; sino que deformó su manera de pensar. El problema de éste hombre de treinta y ocho años de parálisis, no era que no podía caminar, sino que se acostumbró a vivir en el estanque donde estaba postrado.

Cuando Jesús se acerca al paralítico, no le pregunta: ¿Qué te pasó o cuánto tiempo llevas así?, sino: ¿Quieres ser sano? Una pregunta muy importante, porque a veces, no todos los que sufren quieren cambiar. Algunos justifican su mal y se argumentan en el largo tiempo que llevan de estar postrados. El paralítico lo primero que le responde a Jesús, no fue el deseo de ser sano, sino que mostró primero su mente limitada. No reconoce a Jesús quien detrás de la pregunta que le hace, le estaba ofreciendo sanidad y salvación. No hagamos como hacen algunos, que aprendieron a depender de las oraciones y los consejos permanentes de otros. En el fondo, olvidan que nuestro buen y sabio Dios, está disponible “siempre”, para traer el cielo a la tierra. Hoy día, Dios continúa haciendo milagros, y te puede sacar de la postración emocional y espiritual en la que te encuentras en el estanque. Sal de las aguas del estancamiento de Betesda y escucha la voz de Jesús que te levanta y saca de esclavitud a la libertad. Recuerda que Dios no ha terminado contigo.

Pr. José Ángel Castilla

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