
Uno de los retos más grandes que como hijos de Dios enfrentamos, es el de confiar en su tiempo perfecto. Hoy caminamos en una cultura de rapidez y de alcanzar todas las cosas en el menor tiempo posible, es decir, preferimos lo inmediato a aquello en lo que nos toque esperar. Dios tiene un tiempo perfecto para todas las cosas y aunque a veces no lo entendamos, su tiempo siempre será el mejor. Salomón en el libro de Eclesiastés, nos recuerda que todo tiene un tiempo y una actividad bajo el cielo. No es fácil la espera, cuando atravesamos por situaciones difíciles o nuestras oraciones, a nuestro parecer, se demoran en ser respondidas. Esperar es fundamental en el crecimiento de nuestra fe. En la espera, Dios trabaja en nosotros como el alfarero moldea el barro. En ese trabajo de alfarería, somos fortalecidos y preparados, para lo que él tiene planeado para nosotros.
Toda espera incomoda y a ratos se torna hostil y dolorosa. Nos llegan pensamientos extraños que nos hacen creer, que Dios se olvidó de nuestras peticiones, o se tarda demasiado en responder. En realidad amado lector, Dios nunca llega tarde. Él sabe lo que necesitamos, y el momento perfecto para darnoslo.
Eclesiastés 3:1 NTV
[1] Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo.
En su vasta sabiduría, Dios organiza cada evento de nuestras vidas, para que ocurra en el momento preciso, ni antes ni después. La Biblia registra a muchas personas que tuvieron que esperar en Dios y en esa espera aprendieron a ser pacientes, siendo así formados en su carácter. El patriarca Abraham, esperó dos décadas para ver cumplida la promesa de cargar un bebé, pese a que él y su esposa eran ancianos. José esperó en la cárcel hasta el momento indicado por Dios para luego levantarlo como el gobernador de la nación egipcia. David fue ungido como rey siendo muy joven, pero esperó muchos años antes de sentarse en el trono. En cada caso, Dios obró detrás de bambalinas, hasta que llegara el momento perfecto en que su propósito se cumpliera. En nuestra humanidad, podemos llegar a dudar de lo que parece imposible. Aunque los problemas y circunstancias nos abrumen, no podemos olvidar que lo que es imposible para nosotros, es posible para Dios. En la espera, se puede perder la esperanza y podemos llegar a dudar que algo bueno Dios hará en medio de nuestra situación. Recuerda que él no ha terminado contigo. Abrazo fraterno para todos.
Pr. José Ángel Castilla
Una respuesta
Amén amén 🙌
Cuando nos angustiamos también pecamos, llamamos a nuestro Padre mentiroso. Debemos aprender a esperar, sus promesas son un si y amén